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Mensaje por Invitado el Jue Jul 10, 2014 8:10 pm

Datos Principales
Nombre: 
Alexander
Apellido: 
Lawler.
Apodos: 
Elliot, rubio, imbécil, bastardo.
Raza:
Dragón.
Edad:
 25.
Sexo:
 Masculino.
Orientación: 
Homosexual.
 
Historia
‘’Si el dragón muere por su jinete; el  jinete vivirá… Pero si el jinete muere antes que el dragón; el dragón morirá con él’’
Alexander nació no precisamente en un lugar que se pudiese denominar armonioso. Había nacido en un reino poco conocido, la mayoría de los pueblos y terrenos que se encontraban sujetos al mandato de aquel reino eran de clase media, salvo por una pequeña parte de la población la cual complementaba lo que podía llamarse la clase más baja del lugar; Personas a las que no le habían ido bien en sus cosechas, quienes los impuestos habían acabado por arrebatarle todo… Incluso aquello que uno cree irremplazable. Desafortunadamente, Alexander, o como antes era llamado ‘’Elliot’’ formaba parte de aquella desdichada porción de la población.
 La familia de Elliot contaba con dos hijos antes de su llegada, Lexis y Meg eran los dos primeros, para ese momento la situación económica era un poco más soportable. Víctor, su padre era un hombre tremendamente estricto e incluso violento, tenía una visión machista sombre todo lo que conocía y sobre lo que no. En aquel lugar ocurría algo llamado ‘’Osculum draconem’’ Traducido del latín como ‘’beso del dragón’’ esto solo ocurría a las mujeres de edad entre los 19 a 25 años, se decía que el vientre de una mujer en esta edad podría ser bendecido por un dragón si este la consideraba fuerte como para soportar el gran cambio que acontecía a este.
El nombre de la madre de Elliot era Miliany, una mujer dulce, querida casi por cualquiera que la conociera. Aquello había sucedido casi un mes después de que Miliany supiese que nuevamente se encontraba en estado, sabía que aquella noticia podría no ser del todo motivo de felicidad, pues la situación económica se volvía cada vez más dura y con dos hijos ya en casa un tercero sería un verdadero reto, sin embargo la mujer se encontraba realmente feliz con aquella noticia. Si bien su esposo no se lo había tomado de la manera más apropiada, al menos había accedido a conservar al pequeño. Un mes, luego de la noticia, la joven de aproximadamente unos 21 años se encontraba buscando agua en uno de los lagos cerca del pueblo, fue allí donde lo vio aquella majestuosa he imponente criatura escamosa de color rojizo, las pesadas alas revoloteaban histéricas y la criatura se retorcía en el suelo como un pez fuera del agua. Una lanza atravesaba su estómago haciendo que un charco de espesa sangre se acumulara cerca de la orilla del rio. La mujer simplemente no pudo más que ayudar a la criatura, la cual aunque había puesto resistencia, tomó luego una forma humana para facilitarle el trabajo a la joven.
Durante algunas semanas la chica había ido día a día a ese lago y le brindaba sin ningún interés más allá del caritativo sus cuidados al dragón. Durante ese tiempo se enteró de que el nombre de aquella criatura era Diaval y había sido herido al encontrarse en un reino vecino. Diaval era uno de esos dragones con ‘’aquello’’ tan raro, había sido concebido por un hombre y una mujer humana, pertenecía a  la raza de dragones llamados Oscus, estos que nacían tras la condición del ’Osculum draconem, lo cual lo hacía poseedor de aquel don tan extraño. Era ya la tercera semana de cuidados, Diaval parecía encontrarse lo suficientemente bien como para pararse por sí solo, en ese pequeño trascurso de semanas había estado examinando a la mujer, estudiando su comportamiento y su forma de manejar aquel asunto, finalmente lo decidió.
‘’¿Cuántos meses llevas?’’ Preguntó el dragón, repentinamente una tarde a la joven ‘’¿De qué hablas?’’ La joven quien parecía algo incomoda por la pregunta, prefirió hacerse la desentendida. El dragón miró a Miliany con una expresión que la hizo reír ‘’Dos meses’’ Contestó la chica finalmente. El dragón se acercó a la chica sin decir ni una palabra, la joven solo sintió el momento en que la mano de Diaval la sujetó del brazo sin llegar a lastimarla, cuando intentó hablarle aquellos ojos verdes la hicieron callar, no sabía porque razón pero ninguno de sus músculos lograba responder a los impulsos de huida que intentaba ordenarles. El rostro del dragón se fue acercando lentamente al de Miliany, deteniéndose apenas a centímetros de distancia ‘’Esto es un regalo, en recompensa por tu ayuda’’ Susurró el dragón antes de unir sus labios con los ajenos, aquel fue un beso demandante que Miliany tuvo que sobrellevar, justo antes de que este acabase una sensación fría pasó de la boca del dragón a la de la joven la cual viajó por todo el cuerpo de esta haciéndola temblar y en el acto cayó desmayada. Al despertar aquel hombre ya no estaba.
Unos meses después Elliot nació finalmente. Fue un parto normal, con lo típico… Sin embargo, algo extraño pasaba con el bebé; tenía el cabello rubio, la piel pálida y los ojos de un color verde con ralladuras amarillas que parecían dos pequeñas joyas con una raya negra y a largada en el medio, haciéndolos parecer a los ojos de una serpiente o de un gato. Miliany vio en su hijo la viva imagen de aquel dragón. La furia de Víctor no tardó en llegar, obviamente, aquel niño no tenía ni una sola pisca de él o de su esposa; no tenía el cabello negro o marrón, los ojos no eran del clásico avellana pálido que predominaron en las últimas dos generaciones ¿Qué podría pensar? Salvo que fuese un engaño. La mujer intentó explicarle a su esposo lo que había sucedido con aquella tarde, que las leyendas que se contaban en el pueblo sobre el ’Osculum draconem eran ciertas ‘’Cállate. Deja de usar la ridícula escusa que usan las putas del pueblo’’ Fue lo único que respondió este antes de lanzar un manotazo contra su esposa.
Todos en el pueblo conocían a Víctor, sabían cómo era su comportamiento y lo agresivo que podía llegar a ser, y por lo mismo a nadie le sorprendió no volver a ver a Miliany luego de aquel día. Los años pasaron pesadamente rápido, Elliot creció con un padre que no lo trataba propiamente como a un hijo, pero tuvo la suerte de tener hermanos que lo considerasen como tal.
A la edad de 8 años algo extraño empezó a ocurrirle a su cuerpo, su piel pálida comenzaba a presentar comezón y una erupción que con el tiempo empezaba a parecer  escamas, sin embargo el detonante que complicó nuevamente las cosas fue aquel accidente; Victor habia llegado borracho como ocasionalmente pasaba, sus hermanos y él tomaron la precaución de esconderse en una de las habitaciones. El hombre gritaba y lanzaba las cosas mientras parecía intentar encontrar algo, el nombre mal pronunciado de Elliot era el que entre toda la borrachera Víctor intentaba nombrar. Sabían que la puerta de mala calidad que tenían no aguantaría los suficientes golpes que faltaban hasta que su padre se calmara, en un acto de valor y de estupidez; Elliot decidió salir y evitar que su padre encontrase a sus hermanos y  en ese estado los confundiera con él.
Al salir se topó con aquel hombre que no tardó ni un minuto en tomarlo del brazo y arrojarlo contra el suelo. Sintió el golpe seco que el suelo de madera astillado le proporcionó. Vio como sus hermanos preocupados se levantaban del escondite para ayudarlo, pero este les sonrió y en  forma muda articuló un ‘’NO’’. Aquella no era la primera vez que pasaba eso, podía soportar una paliza más de su padre, pero no dejaría que sus hermanos, las únicas personas que lo habían tratado como un ser humano, saliesen lastimadas. Golpe, tras golpe, era recibido por el niño que en silencio esperaba que acabase ‘’¡Bastardo!.. Debí haberte matado junto a la meretriz de tu madre’’‘’Esta bien… El solo esta.. e-enfadado, pu.. Puedes a-aguantarlo’’ Intentó animarse mentalmente. Aunque aquello no era más que una gran mentira, sentía como todo el cuerpo le dolía, su ojo derecho estaba demasiado hinchado como para mantenerlo abierto, las patadas en el estómago lo hacían escupir sangre, la cual ya había creado un pequeño charco a su lado, pero nada lo preparó para aquella patada con dirección a su pecho, sintió como su pequeña costilla rompía y el sonido hacía eco en su interior. Todo su cuerpo ardió y el grito que soltó fue sustituido por una llamarada de fuego que salía de su garganta, solo alcanzó a mirar vagamente la cara de sorpresa y horror de su padre, y las miradas llorosas y preocupadas de sus hermanos, antes de desmayarse.
Al despertar se encontraba en un lugar frio y oscuro, una gran cantidad de personas estaban junto a él, el cuerpo le dolía centímetro a centímetro, le costaba moverse y sobre todo le costaba enfocar mientras uno de sus ojos siguiese inútil. Se sorprendió al notar que tenía vendas por todo el cuerpo, una chica de quizás unos 12 años se sentó junto a él, su nombre era Helena, esta chica fue quien le explico que se encontraba en el castillo del gobernante de aquel lugar, precisamente en un calabozo ‘’¿Tu tampoco sabias… Que eras un dragón?’’.
Aquella declaración marcó la larga estadía de Elliot en aquel lugar. Su padre lo había vendido al castillo cuando descubrió que efectivamente su difunta esposa no había mentido, el dinero que recibió le fue suficiente como para abandonar el pueblo, con sus otros dos hijos. Todas las personas dentro del calabozo en el que se encontraban eran dragones igual que él, pero seguía sin entender por qué los retenían allí. La respuesta no tardó en llegar. Los Ocus eran dragones especiales no solo por nacer de padres y madres de una raza distinta a ellos, lo que los hacia realmente especial era el hecho de poseer el mitológico síndrome del jinete. Lo que significaba que cuando el dragón encontrase una persona la cual despertara un instinto de protección hacia esta, el Ocus defendería a esa persona a muerte, pues el lazo de fidelidad será tan fuerte que si la persona escogida por el Ocus muere, este también morirá.
El plan del rey era hacer que todos aquellos dragones tuviesen ese sentimiento por él, sin embargo su plan falló nefastamente. Cuando Elliot cumplió 17 años, él y el resto de los dragones cansados de vivir en aquel oscuro lugar comenzaron por primera vez a transformar su figura humana a la de un  dragón, cuando finalmente lo lograron abrieron fuego contra el castillo y contra todos dentro de este, después de todo, el fuego no puede matar a un dragón. Finalmente después de 10 años era libre nuevamente.
Viajó con alguno de los dragones de los cuales se había hecho amigo. Cambió su nombre a Alexander en un intento por enterrar su pasado, se unió a un circo ambulante que lo aceptó feliz por el hecho de que este pudiese lanzar fuego de la boca. En ocasiones era necesario que Alex se trasformara en dragón para hacer el famoso montaje de ‘’El domador y la bestia’’, sin embargo cada vez le contaba más dominar aquella forma, era como si una naturaleza salvaje intentará hacerlo actuar como una verdadera bestia irracional. Después de tres años abandonó el circo, no estaba dispuesto a poner en riesgo a personas que se habían convertido en prácticamente una familia para él.
Lamentablemente unos cinco años después cuando finalmente había encontrado un lugar lo bastante alejado como para no poner en riesgo a nadie, en uno de sus ataques en los que su figura cambiaba y aquella naturaleza salvaje aparecía, fue visto por unos traficantes que no dudaron en emboscarlo, después de uno dura pelea, finalmente terminó por ser capturado. Se enteró por las habladurías de las personas en el barco en el cual lo tenían encadenado que se dirigían a Merveille, una isla extraña de la cual nunca había escuchado. Unas horas después de empujones, amenazas y golpes se encontraba en una celda del mercado negro o como allí lo llamaban el Á Moitié Fou de aquel lugar, encadenado y vigilado, listo para ser vendido como esclavo.
Descripciones
Física
Tiene el cabello rubio claro el cual llega hasta el cuello. Sus ojos casi parecen tener una heterocromia sectorial, sin embargo estos son de un verde extremadamente claro y llamativo, algunas rayas amarillas se cruzan un tiñen temporalmente el color verde haciéndolo resaltar. La pupila casi siempre tiene una forma alargada y fina, parecida a la de un gato. Su tez es pálida por lo cual es extremadamente fácil apreciar y distinguir cualquier cicatriz o alteración. En la espalda, pecho y brazos posee numerosas cicatrices producidas algunas  por los años que pasó con su padre y otras por los que obtuvo en el tiempo que se encontró encerrado en las mazmorras del castillo. En su época con el circo se perforó siete veces la cara; tiene dos perforaciones en la quijada unos centímetros debajo del labio inferior, dos más lado a lado del puente de la nariz, cada una un poco más abajo del lagrimal, en la ceja derecha posee dos perforaciones más casi finalizando esta, y una en la lengua; En la oreja izquierda posee dos tres perforaciones solamente en el pabellón de la oreja, y un túnel nivel dos en el lóbulo, pero en la derecha solo tiene otro túnel en el lóbulo de nivel dos también. Suele llevar ropa según su ánimo, la mayoría del tiempo utiliza camisas y abrigos con diseños extraños.
Psicológica
Alexander a simple vista parece una persona seria, inspirando un poco de miedo y hasta de rechazo. Sin embargo pese a su pasado sigue conservando su sentido del humor, bajo la coraza que utiliza para ahuyentar a las personas se esconde un chico amable, bromista, sobreprotector y divertido. Aunque esta personalidad casi nunca sale a luz de manera rápida, comportándose primeramente como alguien sarcástico, sádico y en algunos casos acosador. No ha encontrado a esa persona por la cual estaría dispuesto a todo, pero en caso de que lo hiciera se convertiría en alguien capaz de morir por esa persona. No le gusta compartir y eso incluye a quienes se vuelven mentalmente de su propiedad, es excesivamente celoso algo más que clásico en dragones pero que en él parece excederse un poco, contando como muchas formas de dejarle claro a esa persona que considera suya que no puede pertenecerle a nadie más. Suele evitar entablar una relación demasiado fuerte pues tiene miedo que en uno de sus ataques pierda el control y lastime a las personas que considera importante. 
Imágenes
Spoiler:




 




Extras
Habilidades: Puede cambiar su forma a la de un dragón y utilizar su fuerza, peso y ferocidad para defenderse en caso de encontrarse en peligro. Además de eso es un muy buen cocinero. Tiene la capacidad al igual que los otros Ocus de transmitir el ‘’don’’.
Debilidades: Estar mucho tiempo en su forma de dragón lo descontrola haciéndolo perderse de sí mismo, por lo cual evita transformarse seguidamente. No tiene conocimiento de cómo puede ni que puede trasferir el ‘’don’’ a alguien más.
Gustos
-Cocinar.
-Los circos.
-Los rubios.
-Los ojos azules.
-Molestar.
-Perforarse.
-Las ardillas.
-Musica.
Disgustos ♦ 
-Que lo molesten.
-Las personas muy ruidosas.
-Que se metan con sus cosas.
-Que le intenten robar –Incluyendo personas (?)-.
-Los entrometidos.
Fecha de cumpleaños: 
 23/10
Otros
Mientras más tiempo pase en su forma de dragón más dominio pierde sobre el mismo y corre el riesgo de quedarse únicamente en su forma animal.
Perfil del físico
Noiz (Dramatical Murder) Alexander Lawler.


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Re: Most legends ... are true. [ID]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 13, 2014 8:03 pm

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