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Tree Covered in Dew [Evento Navideño 2014]

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Tree Covered in Dew [Evento Navideño 2014]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 21, 2014 4:03 am

"Somos el conjunto de nuestras elecciones. El destino no existe, nosotros forjamos nuestro camino. El destino no es otra cosa que la excusa de los cobardes y la mentira de los que por orgullo no quieren reconocer sus errores. En cambio los sabios se sienten orgullosos de sus elecciones.

Si te dieran a escoger... ¿Elegirías amarla de una manera mejor?"

Teppei Kiyoshi llevaba tiempo sin regresar al único lugar al que denominaría hogar. De hecho, solo había estado ahí un par de veces hace 26 meses. ¿Como era esto posible? Es que su hogar tenia pies, ahí donde fuera que ELLA estuviera, ese era su hogar. Se habían instalado en aquel  lugar y a ella le encantaba. El no tenia quejas al respecto porque ella era feliz, aunque sabía que le costaría mucho más el volver a casa porque su trabajo estaba fuera de la isla. Sin embargo, Riko era feliz. Pero la felicidad debe ser alimentada o termina por consumirnos su antagonista. El intentando el comportarse como "todo hombre" ocultaba sus sentimientos y actuaba con frialdad para no dejar que la tristeza de tenerla lejos se le notara, por eso es que en sus llamadas, en las charlas que mantenía por chat él podía sonreír y no demostrar atisbo de melancolía, en cambio ella trataba de sonreír, pero sus emociones eran cristalinas como el agua. La soledad era una sombra que la cubría de forma más densa día a día. Esto él lo sabía, pero fingió el no verlo, el trabajo lo llamaba.

Era 22 de diciembre y planeaba el volver a casa al fin,  pero maldita sea la hora en que un imprevisto ocurrió y su colega le advirtió que necesitaba de su presencia unos días más en Londres. Ofuscado ante la idea terminó cediendo. Los dedos entumecidos se deslizaban por la pantalla del móvil que usaría para darle la noticia a la chica que lo esperaba en casa. Con el comportamiento de un gallina presionó la pantalla, acercó sus labios al micrófono y susurró - "Salió algo de pronto. Juro que llegaré antes del 24. Te quiero"- Quitó la presión del botón digital y el mensaje de voz se envió al destinatario. El bien sabía que era la única forma de evitar una discusión como : "Ya han pasado más de dos años que nos vemos!.. La llamadas no bastan!... quiero abrazarte. Si eres tan responsable, deja de desplazar a quienes no debes!". Negó con la cabeza y guardó el móvil en el bolsillo del abrigo silenciándolo previamente. Hablaría con ella cuando estuviera calmada luego de escuchar su mensaje.

Fue 22 en la noche, pasó el 23 y ya era 24 en la mañana. No tenía un regalo y sería de mal gusto el comprar alguno de los rebuscados y poco elegantes souvernis que venden en los aeropuertos. Pero ya nada de esto importaba, en Merveille ya podría improvisar algo, él siempre lograba hacerlo, en su espontaneidad residía su encanto. De pronto el sopor se hizo titiritero de su cuerpo, llevándolo al nebuloso mundo de los sueños, siendo despertado solo cuando en su móvil comenzó a sonar la canción favorita de su amada. A pesar de ser una de sus canciones favoritas por obvios motivos del sobresalto no se curó fácilmente. Miro la pantalla y automáticamente hizo una mueca de desagrado. Su colega nuevamente estaba llamándolo y de seguro nuevamente le pediría que se quedara, que de seguro había algún compromiso importante que olvidó mencionarle o alguno de los motivos de mucho peso que antes había empleado, pero no lo convencería esta vez, no, esta no...

- Alo? Hyung? ... No, no puedo. No puedo esta vez. Estoy a... -Miró su reloj de pulsera, las 11:15, y luego el boleto que tenía en misma.- .. 15 minutos de tomar el avión. No, no lo haré. -Suspiró pesadamente mientras escuchaba las miles de razones que le hombre le daba por teléfono.  Esta vez tenía que ser fuerte, no quería romper el corazón de quien más amaba en el mundo... no otra vez. Luego de 10 minutos de estar escuchando al mayor se pudo de pie tomando su bolso y caminó por los pasillos llenos de gente, atravesó la puerta de vidrio llegándole de lleno el frío viento en el rostro.- Ok... solo hasta las18 hrs. Luego tomo el primer avión, solo así lograré llegar a tiempo.- Nuevamente estaba postergando a quien no debía.

La prorroga de tiempo pasó y el chico nuevamente se encontraba esperando en el aeropuerto con un nuevo boleto de avión. Esta vez sí logró abordar el transporte y emprender el camino de regreso a donde ya debía estar hace horas. Sacó su móvil del bolsillo y comenzó a revisar los e-mails que tenia guardados, muchos de ella que no había tenido tiempo de revisar. Algunos le daban risas, otros lo hacía hacer rodar los ojos. Aún no comprendía como la chica de la cual estaba enamorado seguía creyendo en esas supersticiones, cadenas y costumbres que rondaban en internet. Precisamente en esos momento leía uno de los últimos recibidos, en el cual le comentaba sobre cierta costumbre que tenían en Alyss. Esta consistía en que las parejas de amantes fueran al Bosque Eterno y plantaran un exótico árbol fluorescente. Contaba la leyenda urbana que este regalaría su esplendor luminoso cada noche y que su vida sería igual a la que durara la relación de quienes lo habían plantado. Eso sí, como requisito los amantes debían volver cada 24 de diciembre a su árbol a renovar votos o este perecería, ese era lo único que pedía el árbol para existir. Todo el asunto le parecía una verdadera tontería, pero a fin de cuentas era algo que ella pedía, quizás si le concedía aquello le perdonaría tan tas y tantas esperas.

 Como aún estaba muy cansado decidió el ir a los brazos de Morfeo nuevamente para ver si decidía bien que hacer, al menos así  tendría unas horas de sueño antes de emprender la maratón hacia la casa de su novia. Sin embargo, nuevamente despertó con brusquedad, pero ahora sentía que la tierra se partía bajo sus pies, ¿Qué sucedía? ¿Un terremoto? Eso era imposible! si se supone que estaba volando.- Ah! turbulencias... - Murmuró tranquilizándose pues estaba acostumbrado a ellas con tanto viaje. Espero unos segundos para que la cosa se calmara, era lo habitual, mas no ocurrió aquello, la cosa se fue poniendo color de hormiga al punto en que todo el vuelo estaba sobresaltado, incluyendo a los auxiliares de vuelo. Las mascaras de oxigeno  colgaban prestas a atender a quienes necesitaran ayuda, las pertenencias de los pasajeros rodaban de un lado para otro, los carritos con comida hacían carreras por los pasillos y se estrellaban con todo a su paso dejando platos quebrados tras de sí. Se escuchaban los gritos de la gente despavorida, el pánico estaba comenzando a inundar el ambiente, el avión se sacudía mas y mas.- Ya va a pasar, ya va a pasar... - Se repetía una y otra vez buscando aquella calma. alucinó en ese momento como sería el rostro de su amada al ver la luminiscencia de su árbol, de SU árbol.  Mientras tanto el panorama empeoraba y escucho una explosión, luego algo romperse y desprenderse del avión, era en la cola sin duda.

"No! No puedo! Tengo que darle su árbol". Pensaba mientras miraba la cara de terror de los pasajeros siendo arrastrados por el viento y cayendo por un enorme forado al final del avión. "No! No! por favor!"


Silencio... y oscuridad...

...


Nuevamente esa canción. Tenía el mismo ringtone desde hace 26 meses cuando su novia lo había puesto en su móvil so pretexto de que la recordara siempre. Sobresaltado despertando de una pesadilla miró su reloj. Las 11:15.- Pero que caraj... ¿una pesadilla? - Pasó la diestra por su frente y restregó sus ojos para luego exhalar pesadamente. Sonrió posteriormente al darse cuenta que todo había sido mentira. A los segundos después una llamada... Era su colega. La angustia lo invadió de pronto, pero esta vez supo escoger, esta vez tomaría ese vuelo si o si, y así lo hizo. Todo se sentía tan extraño. En el avión se sentó en el mismo asiento que en su sueño, pero los pasajeros eran otros. Leyó sus e-mails comenzando por el de los arboles, cosa que le sorprendía ya que solo lo recordaba de su sueño, pero no le quiso dar mayor importancia.

Eran las 15hrs y se encontraba pagándole al taxista una cantidad exuberante de dinero por las miles de vueltas que tuvo que dar para llegar donde su chica, la cual siempre estuvo en el barrio Centerly, ¿Como pudo olvidarlo? ah! si, que no pisaba esa tierra hace más de dos años. Subió por el ascensor y arrastrando la paleta con ruedas llegó al apartamento que por suerte tenia notado en su móvil. Tocó insistentemente la puerta hasta que sintió detrás de ella una vocecilla regañando ante tanto apremio. Al abrirse esta se encontró con unos inocentones ojos abriéndose desmesuradamente. Ahí estaba ella, tan desaliñada como siempre, vestida tan simple y sin atisbo de maquillaje, pero así la amaba. Lo siguiente fue sentir un impacto contra su cuerpo y las flores del ramo que había comprado hace poco estaban aplastadas contra su cara.- Maa Maa! ... que me costaron. Sabes lo difícil de conseguir girasoles en esta época? mas en esta ciudad tan rara! - Exclamó riendo mientras la estrechaba entre sus brazos. El siguiente momento fueron risas, reproches, regaños, besos, caricias, todo aquello que no pudieron darse por largos 26 meses. Ahora podían realizarlo.

Fue una hora en la cual los minutos se les hicieron eternos y al mismo tiempo efímeros. Aquellos mimos y caricias que solo podían darse en la intimidad, donde nadie los interrumpiera, donde la presión de ser vistos no los interrumpiera o cortara las alas, donde no existía nadie más que ellos. No necesitaron hablar mucho, nada más que simple susurros y sonetos  de amor de cuando en cuando. Acostados en la cama donde él la cobijaba entre sus brazos y le frotaba la espalda pues sabía de como ella era de friolenta. Al cabo de 10 minutos más se atrevió a interrumpir el momento fresa.

-Bien señorita. No vine a estar de perezoso. Tu querías una cita de esas de TV, ¿No? Ponte un abrigo y vamos. - De escurrió de entre los brazos de la chica y se desemperezó estirándose. El era un experto en hacerla sonrojarse, y ¡vaya que le gustaba hacerlo!  Eran adorable esas mejilla rojitas como frutillas que se empecinaban en ocultarse tras oscuros mechones de cabello y las manos siempre frías de ella. Esos ojitos que aclamaban piedad y en ocasiones odio por hacerle esas jugadas. Simplemente la amaba. Eso era algo que agradecía de él, el poder mantener sus sentimientos intactos pese a la distancia y el tiempo, el poder congelarlos y descongelarlos cuando se le antojara.  A fin de cuentas lo que improvisó para poder mantenerla todo el resto de tarde sonrojada fue el realizar cosas tan idiotas como el entrar a una tienda y  salir arrastrando un enorme panda de peluche el cual le llegaba hasta la cintura, llevarla a una cafetería para comer aquellos pasteles que tanto ella amaba, ofrecerle el mundo y comprarle decenas de cosas pequeñas, pero de las que a ella le gustaban, como cadenas, pendientes, todas esas cosas que le gustan a las mujeres y ven en vitrinas de tienda con una sonrisa enorme en los labios. Todas eran detalles pequeños, casi mezquinos, pero que a ella le enamoraban. Bien sabía él que a ella le bastaban y encantaban esas cosas más que un par de zapatos Jimmy Chao o un bolso Chanel. Caminar de su mano en la calle, abrazarla en cada parte que podía, el beber un café mientras recorrían las calles iluminadas festivamente, esas cosas que las parejas hacen habitualmente  y que incluso pierde el brillo por la cotidianeidad,  todas ellas eran pequeños tesoros para ellos. Sin embargo, a pesar de estar disfrutando cada momento e inmortalizarlos en decenas de selfies, el amargo recuerdo de su pesadilla se hacía más latente conforme avanzaba el día.


Casi en el ocaso encontraron el popular árbol fluorescente que necesitaban para terminar el ritual. Partieron en el automóvil de ella rumbo al Bosque Eterno para poner el broche de oro a tal reencuentro. Al llegar, como dos idiotas enamorados se internaron entre la vegetación imperante. Al poco andar  vieron unos resplandores que los llamaron como mosquito a la luz, eran los arboles que otras tantas parejas antes que ellos plantaron. Gracias a estos pudieron hallar un lugar vacio donde pudieron hacer un agujero y dejarles un nuevo compañero. Era el más pequeño de todos, pero a ellos les parecía que era el que brillaba más... y claro, era especial, era de ellos, literalmente fruto de su amor. Entonces volviéndola a estrechar entre sus brazos volvió a hacer lo que hace un rato había hecho en medio de una plaza, solo que ahora no estaba arrodillado y rodeado de gente que los miraba riendo, comenzó a cantarle con un tono intimo: 





Selló aquella promesa con un salado beso por las lagrimas que rodaban por las mejillas de ella. Aquel casto y sincero beso sellaba un pacto, esa canción eran sus votos de ahora en adelante.

Volvieron a la ciudad antes de que la carretera se atochara con los otros adeptos a la leyenda urbana, todos aquellos que volverían para renovar sus promesas. Ya casi siendo medio día se detuvieron en una estación de servicio a llenar de combustible el auto y de paso ir por un café mas, una de las adicciones de él ya que ella prefería los te de hierba. La dejó solicitando los café en la tienda mientras él  a hurtadillas le echaba una mirada a los mensajes del móvil. De pronto cayó en la cuenta de que tenía uno de su colega, el que dejó en Londres, pero le produjo una sensación de agonizante angustia, algo raro tenía ese mensaje, lo presentía. Sus manos comenzaron a sudar en frío sin saber él la razón. Con una torpeza extrema seleccionó la opción de escuchar al mensaje que tenía como asunto "Lo siento". Acerco el aparato a su oído izquierdo y a los dos segundos la sangre se le heló por completo, sus pupilas se dilataron y la garganta se secó. La voz del hombre rogaba entre sollozos:

"Teppei... Teppei... Lo siento... l-lo siento... Por favor, si aún estas con vida, si sobreviviste al impacto da señales de vida. Algunos cuerpo fueron encontrados en la costa. Sé que hay pequeñas islas por esa zona. Teppei, perdóname, no debí dejar que tomaras ese vuelo. No debí retrasarte. Riko está destrozada, pero yo se que estas con vida."

En el mensaje se podía escuchar una voz de mujer al fondo decir -"Deja eso. Llevan días buscándolos. Ese mensaje nunca le llegará"-. Entonces el hombre respondía fuera de sí entre lagrimas desgarradoras -"No! el móvil tiene tono! yo se que sigue vivo!"-

El mensaje terminó y Teppei retrocedió con los ojos inundados de lagrimas hasta chocar contra un aparador. Entonces su mirada se centró en una TV que transmitía el noticiario donde se daba la nota de un avión que se había estrellado... uno de origen Londres. El vuelo 667. El chico entonces se dio cuenta de que en su mano temblorosa se encontraba el boleto de avión que había usado esa mañana. El vuelo 667, el mismo que en su sueño. Caminó incrédulo como si en la cuerda floja andará hasta que divisó a su novia. Ahí sintió como varias lanzas de hielo le atravesaban el corazón. Ahí estaba ella tomada del brazo de un chico, su amada sonriéndole cálidamente a una figura demasiado familiar. Si él estaba ahí con ella, ¿quien era él? Todo indicaba que quien estaba con la chica era él, solo que le veía el rostro difuso, pero entonces nuevamente ¿Quien era él? Volvió la mirada hacia el aparador con el TV, entonces vio que en el vidrio estaba su reflejo, pero quien no tenia rostro ahora era él. Asustado regresó a ver a la pareja y ahora si el sujeto tenia rostro... SU rostro. Corrió donde ellos, quizás estaba alucinando, quizás era un viaje astral, quizás por esas cosas misticas se había saludo de su cuerpo, pero una fuerza invisible le impidió acercarse más de 3 mts. Cayó de rodillas arrugando el boleto de avión violentamente.

-Te amo, Teppei...- No podía ser! era la primera vez que la escuchaba decirlo! Ella nunca le reconocía aquella cosas tan abiertamente...¿ y ahora como iba a responder?. Pero su doble ya la abrazaba y besaba dulcemente. Entonces recordó su sueño en el aeropuerto. Conocía sobre la teoría de los doppelganger . De que en algún momento nuestras acciones te dividen en mundos paralelos. Entonces, ¿quien era real? ¿él o el otro? largos minutos estuvo siguiendo a la pareja por las frías calles cuya decoración se le hacía tan triste ahora. Los vio partir en el auto y se quedó sentado en la calle llorando amargamente. Así aceptó su juicio. Sabía que todo era culpa de sí mismo, de no saber valorar a la chica que lo amaba tanto.

Sintió el primer copo de nieve caer sobre su frente. Que irónico, ¿ahora que  estaba muerto podía sentir aquello? pero la sentía cálida y el cuerpo liviano. Entonces comprendió que era hora de irse. Con una triste sonrisa miró al cielo agradeciendo haber podido verla una vez más... siempre recordaría ese día... aunque ahora se fundiera con la nieve.
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